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Sí, pensé que ya lo tenía desarrollado, que soltar y confiar ya era mi arte.

Hace una semana me senté en blanco frente a mi pantalla, se me hizo un nudo en la garganta, ¿por qué las letras no venían? ¿estaba perdiendo mi don?

No, no soy una maestra iluminada, y cada mañana me levanto para reconciliarme con mi propósito, alinearme con mi función para  trascender mi destino y encontrarme con mi misión.

Cada mañana debo tomar esa decisión.

Ocurrió pues que la vida, siempre sabia, me preparó otra lección de confianza, de esas para desprenderse del resultado.

Ocurrió que no escuché las señales, el leve dolor de cuello que anunciaba la tensión a la que idiotamente me estaba sobreexponiendo.

Ya me lo había dicho mi maestro, “No ocurre nada en tu vida que no haya sido previamente anunciado”.

Nah, me dije, no es nada.

¿Sabes dónde terminé?

En una sala de urgencias, medicada hasta las narices debido un espasmo cervical paralizante.

Sin computador, sin celular.

Ahí, me rendí, no hubo más que pudiera hacer, sólo rendirme, para permitirle al soltar y confiar hacer su magia.

Las siguientes son las herramientas que en esa sala de urgencias me devolvieron la inspiración que hoy quiero compartir contigo, porque no soy una maestra iluminada, soy una aprendiz, y ahí comprendí que mi propósito es verter en este proyecto como salir del atolladero.

Mi alma, como la tuya, comprende por contraste. Así que a través de la experiencia y herramientas que te voy a exponer no espero que no te pase nada, y profundamente deseo que te animes a improvisar el valor para reciclar algo de esto cuando estés en el hueco.

 

Créeme, nadie más lo hará por ti, nadie evolucionará por ti, nadie despertará consciencia por ti. Clic para tuitear

 

Eres tú, perfecta y auténtica tú.

1. Gracias

 

Ya estaba en medio de la sala de espera en urgencias, pero mis neuronas no se soltaban, seguían pensando en todos los compromisos que tenía, en las colaboraciones que había programados con otros bloggers, en las preguntas que debía enviar a mi próxima entrevistada y en el post que debía publicar el jueves.

¿Cuánto tardaría esa clínica en devolverme mi movilidad para regresar a mi pantalla?

Sentía la sensación química que mi cuerpo segregaba, frustración, rabia… El interminable carrusel de pensamiento.

¿Qué tenía que aprender de esto?

Vale Rossana, vamos desde el principio, otra vez.

 

Gracias, por lo que sea que está dentro de mí que está generando esto Clic para tuitear

 

Fue lo primero que brotó.

“Lo acepto, y agradezco por la oportunidad que ese mico (como llamamos en Colombia a este tipo de espasmos) me está dando para ver en mí ese algo que debe ser sanado”.

Aún no sabía a qué le daba gracias… Y verás, que todo comenzó a parecer más amable, la espera menos larga, el personal médico más cercano.

“Es un espasmo severo, tendré que medicarte ya”. El médico fue contundente.

Así que en esa pequeña salita, canalizada, me deje caer sobre un sofá como cuando vacían un saco de arena sobre el suelo.

 

2. Acepto

 

¿Qué había dentro de mí que había generado esto?

Ya ahí sentada, tuve el tiempo de atender mis necesidades, las mismas que eludí, porque aún por mi mente pasan cosas como “lo urgente no da tiempo para lo importante”.

“¿Ah sí?” Me respondió la vida, a ver si este espasmo es urgente y por fin le pones la cara a tus necesidades.

Entonces, acepté que tenía miedo, que estaba regresando a mi modo compulsivo controlador, ese modo de Rossana que quiere tener todo bajo control, anticipar el resultado.

Vi que mis actos durante las última semanas apuntaban desesperadamente a asegurar de nuevo mi salario de gerente, el mismo al que voluntariamente renuncié por seguir mis sueños, ya cansada y abatida por el sistema.

Acepte que me estaba olvidando de confiar, que la vida no es una azar.

Acepté que estaba ignorando las señales, y con ella me estaba cerrando a las oportunidades.

Y ahí, en medio del miedo, del pavor de reconocer que estaba en la absoluta incertidumbre respecto a mi futuro financiero, cerré los ojos y acepté.

Y como una burbuja ascendente, un sutil sentimiento se hizo dentro de mí, y comencé a soltar, en agradecimiento, en confianza.

No había nada más que hacer que estar conmigo en ese momento, un regalo que la vida me dio para recordarme que no estaba sola.

Sólo lo sentí en ese silencio.

 

3. Propósito genuino

 

No termino de comprender porque tenía tanto miedo de responderme esta pregunta, y ya no me hace falta.

Lo cierto que es ahí tuve la certeza de que lo que realmente mi corazón había elegido al lanzarme al camino del emprendimiento espiritual y el desarrollo personal era vivir la experiencia de soltar y confiar.

¿Y mi propósito? Si, es ser feliz sin importar lo que pase fuera de mí, mi felicidad es invaluable y quiero hacer de ella algo inagotable, imperturbable.

Y para lograrlo, suelta y confía, Rossana.

Para lograrlo levántate dispuesta a dar lo mejor de ti sin casarte con un resultado, vira tu barca cada que la vida te lo proponga.

Genera la necesidad de respuestas que quieres del Universo, que sólo se resume en actuar, la vida no responderá nunca a la inercia, a la pensadera, a la tortura mental del ego.

Así que con mi agradecimiento, con mi aceptación y propósito llegó este mantra, y te lo comparto, espero que resuene tanto contigo como aún vibra entre mis células:

 

“Muéstrame el camino y dame el valor para seguirlo”

“Me desprendo de todos mis quiero, de mis resultados prefabricados, y me abro a recibir todo lo maravilloso que tienes para mí”

“Gracias por todas las oportunidades que me das para encontrar la paz, el amor y la felicidad”

 

Y fue ese último mantra el que aterrizó, el que me hizo caer en cuenta de que ese espasmo, mico, me estaba dando la oportunidad de decidir ser feliz, me estaba enseñando a confiar.

 

Mi alma estaba aprendiendo en el contraste. Clic para tuitear

 

Conclusión

 

Soltar y confiar es un arte, y ahora estoy segura que se desarrolla en un entrenamiento, que a su vez es la valiente decisión de hacerlo, intentarlo tantas veces como la vida nos dé oportunidad.

Y si algo valoro en este episodio fue el momento de silencio al que me llevó entre las salas de urgencia, y que ahora voluntariamente busco y logro cada día, ahí ocurre la magia, ahí me conecto, ahí me escucho, me pongo en orden… Ahí es donde soltar y confiar ocurre. Un par de días después tenía 2 propuestas de colaboración en mi bandeja de entrada… Gracias, gracias, gracias!