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El auto conocimiento es un estilo de vida, es mi estilo de vida. Aún no sé quién soy, pero estoy explorando todas mis dimensiones o las que logro reconocer. A través de este blog documento mi experiencia y comparto las herramientas que están funcionando para mí, las que estoy estudiando y verificando, del mismo modo comparto mis conclusiones, que no son muy distintas de lo que otros dicen, eso realmente me alivia un poco, no estoy sola.

Después de dotar a mi intelecto con suficiente información para intentar ver el mundo con otros ojos, salí a verificar por ahí, es decir, a buscar problemas que pudiera resolver con un par de herramientas. Por supuesto tenía de donde elegir, pero las situaciones que más me tallaban por esa época eran las laborales, sobre todo las relaciones con colegas y jefes. Realmente sentía que no controlaba nada y que las personas pasaban sobre mí y que en absoluto consideraban mis aportes. No me sentía respetada ni escuchada.

En cada oportunidad conflictiva que el trabajo me ofrecía, con el nudo en la garganta, y el ego resistente que sólo decía “esto no funciona”, logré practicar Ho’oponopono. Fueron duras batallas en mi interior, pero con el paso de los MESES mi mente se fue expandiendo y aclarando. Primero entendí que todo lo que hacía giraba en torno a ganarme el respeto de mis colegas, quería gustar y ser querida. Practicando Ho’oponopono tuve la oportunidad de atender mis emociones y respetarlas como lo que eran, una maravillosa oportunidad para conocerme a través de la ira, la rabia, la envidia, el rencor, no siempre lograba etiquetarlas, ahora ya no lo hago, sólo las identifico, las “limpio” y las dejo pasar.

Ho’oponopono me dio la oportunidad de practicar el empoderamiento, de reconocer ideas iluminadas y llevarlas a la práctica, me permitió reconocer esa parte de mí que sabe más que yo y que me sopla al oído.

Fue maravilloso ver como con los meses mi discurso laboral se hizo más elocuente, limpio. Aún más maravilloso fue ser testigo de mis reacciones frente a situaciones adversas, ahora yo las controlaba y podía mantener mi calma en medio del conflicto.

Un reto que me puso esta técnica ancestral Hawaiana fue “cero expectativas” ¿what? Me pregunté, ¿luego uno no se mete en estos cuentos para ser feliz, abundante, casado y exitoso? La respuesta es: ¡NO! Los que practicamos Ho oponopono lo hacemos para estar bien con nosotros mismo sin importar lo que pase afuera, pues nuestra paz y felicidad no puede depender de lo que suceda o no suceda en el exterior, nuestra paz y felicidad sólo puede depender de lo que cada uno de nosotros decida hacer en el interior.

El truco está en practicar, generar el hábito, y ten la plena certeza que, si las cosas deben cambiar, lo harán, y si no cambian al menos permanecerás en paz porque bajo ninguna circunstancia cederás tu poder, o al menos esto es lo que he aprendido, que tengo el poder para decidir si perturbarme o ser feliz.

Como aprendiz tuve resistencia a aplicar herramientas a determinadas situaciones, en las que consideraba que yo tenía razón, me costaba soltarlas y recreaba una y otra vez las mismas escenas, incluso imaginaba otros finales para discusiones que había tenido y me imaginaba a mí misma argumentando mis razones de manera impecable. Cuando esto te ocurra te sugiero que te preguntes: ¿Qué prefieres, ser feliz o tener razón? Puedo apostar que aun si sintieras que ganaste una pelea tu ego inmediatamente buscaría otra razón para hacerte sentir infeliz. Mi conclusión fue: tener razón no garantiza la felicidad 100%.

Hoy creo que cada una de las situaciones que me retaron a aplicar mis herramientas fueron perfectas, me llevaron al límite, hasta el punto que tomé la decisión de dejar de darles el poder sobre mi felicidad, sin importar lo que pasara, sin importar si tenía ese asenso, sin importar si tenía ese aumento de sueldo, sin importar si mis colegas validan mis ideas, sin importar si mi agenda personal coincidía con mi agenda laboral para poder hacer todas esas cosas que quiero hacer, no importa lo que pase afuera, cada situación me está dando la oportunidad de decidir ser feliz.